Decimocuarto destino: República Checa
- elviajedeaysel
- 4 oct 2017
- 5 Min. de lectura
Sin duda la peor carretera que pudimos conducir hasta el momento, el paso de Polonia hacia República Checa; cuando estábamos a muy poco de abandonar Polonia, ver el cartel de "bienvenido a...", nos encontramos con lo que no esperábamos. Un camino lleno de vallas, menudas obras! Como alguna vez ya nos ha pasado que el google map nos lleve a un camino inexistente, lo primero que pensamos fue eso, "después de hacer un montón de km, ahora a buscar otra ruta". Dudamos de continuar por miedo a que la Txiboneta no pudiera ir por ese camino de cabras, pero cuando ya estábamos a punto de dar la vuelta, apareció un coche. Le preguntamos al hombre que lo conducía si esa carretera nos llevaría hacia Praga, y si, el maps no se había equivocado, esa era la "carretera". Pues nada, allí que fuimos, poquito a poco en busca de algún tramo algo menos complicado.

En cuestión de un rato, un buen rato, la carretera mejoró, comenzamos a disfrutar del paisaje de esa tierra tan bonita: un verde super chulo que cubría las montañas, nos recordó en un instante a nuestra tierra! Bien, llegamos a Praga sin mucha dificultad. Teníamos fichado un par de autocamping, que no estaban mal de precio a si que fuimos directos hacia la zona donde acamparíamos. Nos sorprendió muchísimo ver que en esa misma calle, podía haber unos 10 autocamping uno seguido del otro, exagerado. Eso en esa calle, pero en la propia Praga, carteles de camping vimos un montón! Buscamos el sitio mas económico ya que por lo que pudimos ver todos ofertaban similares servicios, la verdad, una ducha y donde fregar los cuatro platos que manchemos es suficiente. Ese mismo día nos parecía una locura ir a visitar la ciudad, decidimos ver lo que escondía las cercanías al autocamping y ya mañana darlo todo por Praga. Callejeando por la zona, encontramos un edificio enorme que tenia unas escaleras con unas estatuas imponentes; En lo mas alto de las escaleras, si mirabas hacia delante podías ver unos enormes y muy bien cuidados jardines. Si mirabas hacia abajo, se veían unas estatuas simulando a hombres en un pozo que era algo inquietante pero interesante de ver. Había moneditas que al parecer la gente hechaba, será por si les llega la buena suerte? Nosotros no creemos en eso, la suerte la tenemos cada un@ de nosotr@s, a si que sigamos cultivándola!

Después del bonito paseo, nos pusimos a preparar algo de cenar. Un hombre bien simpático se acercó a saludarnos y rápidamente se formo el clima perfecto para entablar una larga conversación. Eran una pareja italiana, de Padova para ser exactos y estaban visitando al igual que nosotr@s Praga. Fueron muy generosos, ya habían cenado y vinieron con un riquísimo embutido y vino para acompañarnos en la cena, exquisito! Ellos marchaban al día siguiente pero hubo tan buen rollo que nos dimos las direcciones y quedamos en intentar ir a verles, quien sabe si la ruta pasara por Padova?
Llegó el da de recorrer y perderse por la ciudad. Ha sido una grata sorpresa, nos encanto! Cogimos el tranvía a muy pocos metro de donde acampamos y tod@, Txibas incluida, montamos dirección, quien sabe donde hay que parar? fue lo que pensamos. En una de las paradas hubo un montón de japoneses que se subieron al vagón, muy simpáticos, no paraban de mirar a Txibas y algun@s con el disimulo (bastante malo por cierto) le sacaban fotos, esta Txibas se nos va a hacer famosa! Decidimos bajar en la parada que bajaron ell@s en manada, nos dio buenas sensaciones y al llevar todo tipo de guías, imaginamos que algún lugar bonito nos llevaría el seguir a esa cuadrilla. Así fue, en muy poco estábamos en todo el meollo. Unos puentes preciosos, un castillo en medio de una montaña, puentes con muchísima vida, donde grupos de artistas ponían sus tenderetes en busca de gente que quisiera comprar sus obras de arte. Aysel disfruto de unas buenas carreras por los puentes, calles anchas y parques. Txibas tampoco estuvo nada mal, pudo estar suelta por diferentes zonas y compartir la merienda con Aysel, esta Txibas, no se pierde una! Tanto Eneko como yo disfrutamos de un bonito día de turismo en familia, nos gusto pasear por Praga, nos gusto Praga!

No teníamos claro hacia donde ir cuando nos pusimos a trastear en el ordenador fotos de República Checa. En la búsqueda, vimos algo que llamó nuestro interés, una especie de torre gigante que te daba la oportunidad de andar muy cerca de las nubes. Los dos supimos que ahí teníamos que ir, Aysel alucinaría y disfrutaríamos de una bonitas vistas. En ese instante se me olvidó que tengo un vértigo exagerado, que me quedo blanca y sudando cuando veo mi cuerpo muy alejado del suelo, mas tarde me acordaría y viviría esas sensaciones... Dimos con el nombre del sitio donde estaba situada esa "torre" Lipno, al parecer había un gran lago con ese nombre y por ahí estaba donde queríamos ir. Estábamos a bastantes km del sitio por lo que había que buscar un sitio para descansar antes de llegar a Lipno. Otra vez mas, la suerte del viajer@, dimos con un hermoso lugar, Chesky Krumlov. Dormimos en un camping al lado de un rió que lo gestionaba una familia con mucho cariño, ese cariño se veía en cada parte de ese lugar. Estaba a unos 6 km del pueblo que nos enamoraría nada mas conocerlo. Un pueblo de cuento total, que tuvimos la suerte de visitarlo con pocos turistas, nos dijeron que en verano es exagerado las numerosas visitas que recibe. Un sitio muy recomendable para visitar, sin duda!

Y por fin llegamos a nuestra ansiada torre! Llegamos a un parking de una pista de sky, una zona muy pero que muy preparada para el turismo de todo tipo: campings super de lujo, apartamentos de lujo,... Nosotr@s a lo nuestro, como hacer para llegar a la torre! Vimos una ventanilla en la que tenían panfletos con la foto de donde queríamos ir; nos informamos, compramos los tickets y fuimos a coger el bus que nos llevaría a lo alto de una montaña.Como perdimos el primer bus, nos pusimos a pasear por la zona, dimos con otra de las cosas que nos llamó la atención cuando vimos las fotos del lugar: una especie de montaña rusa que estaba hecha entre naturaleza y tenia dos circuitos y carros diferentes, a elegir. Es difícil de explicar,es algo como para visitar. Pensamos que Aysel podría montar pero solamente era posible a partir de los 3 años, a si que dimos el homenaje de montar a aita, ya que su cumple fue en septiembre y este año no habíamos tenido un detallito, qué mejor sorpresa que esa. Su cara de felicidad nada mas bajar, nos dejó claro el disfrute. intentó grabar la experiencia pero le fue imposible!

Lo siguiente fue la subida a la torre y ver el mundo desde allá arriba. Aysel encantada, corriendo, saltando, mirando por todos los lados... Eneko un poco de lo mismo, un niño grande. Bien mi vivencia: empujando el carro que era lo que me daba un punto de apoyo para que no me cayera, mareada, con el corazón a mil pero con algo que me decía sigue subiendo. Lo pase fatal y super bien, algo raro.

Es un sitio muy recomendable de visitar! a las afueras también hay un montón de zonas de juego, esta muy bien preparado para pasar un buenísimo rato en familia!

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